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El Espiral relacional y la sexualidad sagrada. El aliento entre dos corazones: la relación sagrada y lo erótico como camino de retorno.


Amado.


Nos encontramos.


Sin prisa alguna,

nos acercamos,

nos reconocemos

y dejamos que el espacio entre nosotros

también respire.


Ahí,

donde nuestro aliento

se comparte.



El espiral interior despierta el alma con su anhelo,

moviendo el corazón,

y de la misma forma busca su reflejo en el otro.


Así como el alma se inclina hacia el Amado en su interior,

el corazón también se inclina hacia su amado en la forma humana.


Este es el Aliento entre dos corazones:


el aliento que ensancha el espiral,

que nos lleva del recuerdo íntimo a la presencia compartida.


El primer movimiento del espiral fue una inhalación interior,

y este es el gesto de la exhalación:

el corazón que se ofrece al encuentro.



Donde dos corazones se encuentran


Toda relación comienza con un temblor sutil:


una mirada,

un destello,

un movimiento en el pechoque susurra:


«Te reconozco.»


Este reconocimiento nunca es solo físico, ni meramente emocional.


Es el encuentro de dos historias, dos anhelos, dos misterios, dos memorias, también ancestrales, que se tocan a través de la forma humana.


En este aliento, el campo relacional se vuelve un espacio sagrado: un lugar donde ambos corazones recuerdan su propia profundidada través del otro.



Lo erótico sagrado


Lo erótico suele ser malentendido como algo meramente sexual. Y, sin embargo, en su esencia, lo erótico es la fuerza vital que despierta el alma.


Es el estremecimiento bajo la piel cuando nos sentimos vistos.

El calor que asciende en el cuerpo cuando la presencia se profundiza.

La vibración en el umbral de un beso o de un contacto que se siente como una oración.


La energía erótica no está separada de lo espiritual;

es el mismo anhelo respirando a través del cuerpo.


Y no siempre se expresa de forma perfecta o armoniosa.


A veces tiembla.

A veces duda.

A veces se cierra…

y vuelve a abrirse.


Cuando lo erótico es sostenido con sinceridad, con ternura, con adab, esa cortesía consciente y amorosa, se vuelve un puente entre el cielo y la tierra.

Se convierte en alquimia del alma.



El placer como recuerdo


El placer también suele ser exiliado.

Pero en un espacio relacional sagrado, el placer no es indulgencia: es despertar.


El placer enseña al sistema nervioso seguridad.

El placer suaviza las defensas.

El placer abre el corazón a la vulnerabilidad.


Y le recuerda al alma:


Estás viva.

Eres digna.

Eres capaz de recibir belleza.

Te mereces gozar


Desde una mirada sufí, el placer es una forma de shukr, una gratitud encarnada.


Y el placer erótico compartido entre amantes, cuando es vivido con intención, honestidad y presencia, puede convertirse en una forma de dhikr:

un recuerdo encarnado de lo Divino a través de la sensación.



El cuerpo como umbral


En la intimidad sagrada, el cuerpo no es una distracción del camino espiritual.

El cuerpo es el camino.


A través del contacto, aprendemos ternura.

A través de la conexión sensual, aprendemos a nombrar el deseo con honestidad.

A través de la unión erótica, aprendemos a soltar el controly a confiar en el misterio.


Cada beso es un aliento.

Cada caricia es una plegaria.

Cada momento de vulnerabilidad compartida mueve el espiral hacia el mundo.



El corazón terapéutico de la relación sagrada


En el trabajo terapéutico con parejas, he sido testigo de cómo la espiritualidad de la relación y la psicología del apegose reflejan mutuamente como expresiones del mismo anhelo.


El deseo de ser sostenidas/os.

El miedo al abandono.

El hambre de ser deseadas/os.

La necesidad de seguridad emocional.

El colapso después del conflicto.

La apertura después de la reparación.


En la relación, viejas inhalaciones no resueltas vuelven a pedir aire.


Y es muchas veces en el vínculo donde finalmente encuentran espacio para exhalar.


Todos estos movimientos son expresiones de un mismo llamado universal:


Véame.

Conózcame.

Permítame pertenecer.


La sexualidad sagrada comienza aquí:

no en la técnica, sino en el coraje de mostrarnos y la suavidad de recibir al otro.



La unión como momento de retorno


Cuando dos amantes se encuentran con sinceridad, cuando aliento se encuentra con aliento, corazón con corazón, cuerpo con cuerpo, no se trata solo de una unión física…


Es un recuerdo primordial.


El calor sobre la piel.

El aliento compartido entre bocas.

El ascenso lento del deseo.

La suavidad que entra en la mirada.

La entrega del placer.

La quietud después de la liberación.


Todo esto son señales de lo Uno hablándose a través de dos.


La intimidad se vuelve entonces un pequeño ecode la gran unión considerable de la que todas las almas provienen.



Una práctica suave:

El aliento del encuentro


Puedes realizar esta práctica con una pareja o simplemente sosteniendo la imagen de alguien a quien amas.


  1. Siéntense frente a frente(o imagina a esa persona sentada contigo).

  2. Inhala contando hasta 4. Di suavemente por dentro:«Me suavizo.»

  3. Sostén durante 2. Siente el espacio tierno entre ambos corazones.

  4. Exhala contando hasta 6. Susurra internamente: «Te veo.»

  5. Repite tres veces.


Deja que el aliento te guíe.

Deja que la presencia te moldee.

Deja que el ser vistote abra.


Este es el Aliento entre dos corazones: la exhalación del espiral, el momento en que el anhelo se ofrece y el amor se vuelveun recuerdo compartido.


Y, en ese compartir, algo en ambos aprende a respirar distinto.

 
 
 

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