El aliento de la escucha. Cuando el corazón aprende a oír
- Sandra O Ortiz V
- hace 4 días
- 3 Min. de lectura

En nuestro recorrido por el espiral interior, donde el anhelo nace y se desarrolla, llega un momento en el que se suaviza y puede volverse escucha.
Una escucha en la que el corazón recibe, no con urgencia, no desde el análisis, sino desde la intimidad y la experiencia interna.
Este es el Aliento de la Escucha.
Es el aliento que nos vuelve hacia dentro, a lo largo de la curva del espiral interior, donde cada silencio contiene la quietud necesaria para que emerja una dirección, una guía.
Entre sonido y silencio,
entre anhelo y calma,
entre pregunta y respuesta,
el Amado está Presente.
Donde comienza la escucha
Farid al-Din Attar escribió:
«El primer paso es decir “Allah” y nada más. El segundo es la intimidad. El tercero es la combustión.»
La escucha del corazón es la puerta hacia la intimidad con el Sí mismo, el Amado modelado en Luz.
Respira conmigo…
Cuando sentimos dolor en el corazón, antes de apresurarnos a reparar las grietas, sentémonos en silencio y escuchemos lo que la herida está susurrando.
A veces habla con palabras…
A veces con sensaciones…
A veces con una emoción o una tensión que no parece tener sentido.
Observémoslas en silencio.
Permitámosles hablar, expresarse.
Prestémosles un oído interior.
Y, a veces, lo que escuchamos dentro no nos pertenece solo a nosotras/os.
Puede ser el ecode quienes vinieron antes:
el duelo no expresado de una madre,
el miedo tragado de un padre,
el silencio de una abuela
que nunca encontró dónde posarse…
Escuchar hacia dentro también puede significar escuchar el linaje que habita en nosotras/os, dar espacio a voces que no fueron escuchadas en su tiempo.
La escucha atenta puede revelarte que aquello que parece roto es, en realidad, el lugar por donde la Luz intenta entrar.
Rumi nos lo recuerda:
«La herida es el lugarpor donde la Luz entra en ti.»
Una invitación a la escucha profunda
Cierra los ojos con suavidad y siente el aliento dentro del cuerpo:
¿Dónde se posa?
¿Dónde el pecho se ablanda?
¿Dónde se sostiene?
¿Hay calor?
¿Un temblor sutil?
¿Pesadez?
¿Un soltar delicado?
La escucha no es solo emocional. Es también corporal, energética, sutil.
Es aprender a reconocerla diferencia entre la voz del miedo y el latido más profundo que palpita debajo.
Cuando escuchas hacia dentro, comienzas a conocerte con delicadeza, del mismo modo en que un amado aprende la respiración del otro en la oscuridad.
Escuchar a través de los velos
Hemos sido creadas/os con cuidado divino, perfeccionadas/os en la forma, y animadas/os por el Soplo del Espíritu (Qur’an 95:4, 64:3).
La verdadera sanación no es convertirnos en alguien nuevo. Es regresara quienes siempre hemos sido bajo los velos:
puras/os,
luminosas/os,
enteras/os.
Nuestra fitrah, nuestra naturaleza original, nunca es destruida por el dolor o el trauma. Puede quedar cubierta por la supervivencia, el miedo o el olvido, pero en su núcleo permanece intacta.
Imam Ja‘far al-Sadiq dijo:
«Dios creó el corazón para Sí mismo. No permitas que nada más habite en él.»
El estado natural del corazónes sagrado.
Samā‘: la escucha sagrada
La sanación del corazón no consiste en construir un yo más fuerte ni en añadir nuevas capas de identidad.
La invitación es la contraria:
retirar los velos,
pulir el espejo,
permitir que el corazón refleje la Luz que ya habita en él.
Esto ocurre a través de una escucha que no es ordinaria, sino Samā‘:
la escucha del cuerpo sutil,
la escucha de la vibración,
del ritmo y de la resonancia.
Toda la existencia está inmersa en dhikr, el recuerdo continuo de lo Divino. Escuchar de manera sagrada es oír ese recuerdo en nosotras/os,en otra persona, en el sonido y en el silencio.
Con frecuencia, lo que se siente “roto”es la voz del niño interior que no fue escuchado, ni visto, ni comprendido.
Escuchar a este niño olvidado no es retroceder; es integrar la fitrah, esa ternura original que no fue honrada en su momento.
Escuchar con curiosidad…
con atención…
con ternura…
con aceptación.
Como dijo San Juan de la Cruz:
«En la noche oscura del alma,fluye luminosoel río de Dios.»
Lo que se percibe como oscuridad puede ser un pasaje sagrado hacia la unión.
Una práctica suave
El aliento de la escucha
Donde quiera que estés, lleva tu atención con suavidad hacia dentro.
Coloca una mano en el pecho y otra en el vientre.
Inhala contando hasta 4. Susurra por dentro: «Me abro.»
Sostén durante 2. Deja que el silencio hable.
Exhala contando hasta 6. Di con suavidad: «Escucho.»
Repite tres veces.
Luego, pregunta en silencio:
¿Qué desea ser escuchado en mí hoy?
No fuerces una respuesta.
Solo escucha.
Este es el Aliento de la Escucha: el aliento que revelalo que el corazón ya sabe.




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